….Ha nacido el dictador de las
masas, de aquellos seres desposeídos, despojados de cuanta virtud o dicha
exista en el universo, el nuevo soberano se alza con el poder levantando y
empuñando la mano que le ha servido en sus inicios para escribir, formar historias, crear mundos y darle vida a
los espectros que hoy gobiernan en su cabeza y dirigen el rumbo de su
pensamiento. Hay quienes creen que el nuevo rey someterá a sus conciudadanos,
aquella idea será borrada de sus mentes prejuiciosas, mucho más cuando el
dictador nove el nuevo contrato con sus ciudadanos.
El dictador parece haber
vaticinado un sin número de horrores, de lo mal que la pasaríamos si su figurón
imponente no estuviera ahí para consolarnos y cuidarnos religiosamente. Parece
surgir la siniestra conversación entre su mente y su corazón sobre el destino
de su país.
Ha llegado la hora de gobernar,
de reinar, de posarse sobre el poder para jamás salir de aquel sitial anhelado,
la multitud enloquece se desenfrena al contemplarlo en vivo y en directo,
parado sobre una altísima tarima que más aún lo acercan al cielo que al infierno,
como un tocado o un profeta de nuestros tiempos. Es hora de alabarlo de gritar
su nombre a voz en cuello y cantar al unísono el himno de la patria, de algo
que sentimos tan nuestro y tan ajeno a la vez. Nos ha convencido aquel
misántropo señor sin tan siquiera pronunciar una sola palabra, creo yo, nos
hemos convencido nosotros mismos al ritmo de la estupidez.
Es momento de escucharlo, se
guarda el silencio debido como en un velorio de alguien importante, claro no es
así, es la resurrección del mesías de aquel que nuestras conciencias han
buscado por mucho tiempo, alguien que pueda capturar nuestros manipulables
pensares. Se dirige vacilante ante la quietud de muchos, intenta articular más
de diez palabras por segundo, trastabilla en el intento, quiere hablar sobre
economía espacial, sueños americanos, lunas de hierro… parece que nada está
marchando bien, sigilosamente se acerca un hombre en el estrado, viste saco y
corbata, parece saber lo que va a decir, se asoma y le hace escuchar unas
cuantas palabras. El lejano dictador parece haber entendido, esta vez se arma
de valor, sujeta el micrófono con fuerza y de una forma vehemente empieza a gritar
a vociferar palabrotas, legitimando su raza, su idioma, su color, le hace ver a
las personas lo importante de su identidad, de luchar contra el sistema de
reemplazar todas las figurillas de poder por él, llama a una niña de entre la
muchedumbre la sube a la tarima y les dice a todos que luchará por los niños
que los educará, que los alimentará, que los protegerá, el mensaje es claro,
alimentará a todos. La multitud parece haber entendido y se alborotan, gritan,
cantan desordenados, se ha convertido en una histeria colectiva, una pandemia,
la presencia del dictador los ha embrutecido, se ha ganado el amor de todos,
como reza un viejo adagio: El corazón tiene razones que la razón no conoce….

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